Tecnópolis, Agrópolis y ahora…»Currópolis»
Una de las últimas iniciativas surgidas de los incansables cerebros gubernamentales y especialmente los de la Unidad Bicentenario (encargada de toda la puesta en escena del relato kirchnerista) es la realización al módico costo de 20 millones de pesos de una muestra agropecuaria llamada “Agrópolis”. La citada muestra funcionará en Tecnópolis y su propósito es obviamente minar la convocatoria de la Exposición Rural de Palermo.
Esta noticia sumada a unas palabras de la Presidenta de la Nación en las que se quejó porque sus opositores critican pero no aportan propuestas, me llevó a desarrollar una idea que algunos calificaran como una crítica embozada pero que es en definitiva un sincero aporte al proyecto “nacional y popular”.
Sucede que -pese a que muchos los califiquen de vulgares ladrones- no deja de asombrar la inventiva, el despliegue de talento para el afano a gran escala y la capacidad demostrada por tantos colaboradores de este Gobierno para pasar de ser un seco absoluto a millonario en cuestión de semanas. Esas habilidades merecen ser conocidas y utilizadas también por las generaciones futuras. La picardía criolla es parte de nuestra idiosincrasia y debemos honrar sus cultores.
Mi propuesta concreta es que -también en el predio de Tecnópolis-, se realice una mega muestra en la cual pueda admirarse a pleno el ingenio de tanto funcionario kirchnerista y donde el público pueda apreciar la extraordinaria variedad de curros y estafas en las que son maestros. Respecto al nombre estoy dudando entre Currópolis y Chantópolis (me inclino más por la primera) y si bien me faltan pulir algunos detalles les anticipo aquí algunas de sus características.
Veamos, en Currópolis no deberían faltar los stands de aquellos proveedores de bienes y servicios necesarios para las tropelías a cometer, por ejemplo fabricantes de bolsos, pero no cualquier bolso sino de aquellos modelos sofisticados y muy útiles a la hora de mandar euros a Santa Cruz o cualquier otro destino. Podrían estar también los fabricantes de cajas fuertes (tan amadas por “el”) o de botiquines especialmente acondicionados para dejarle a De Vido los sobres de práctica.
El punto fuerte de esta original expo serían las disertaciones o clases magistrales de funcionarios y ex funcionarios contando sus vivencias. No tengo todavía la lista definitiva (que es muy extensa) pero no puede faltar Ricardo Echegaray explicando como armar un feedlot trucho para cobrar subsidios, Amado Boudú hablando sobre cómo quedarse a través de un testaferro con una planta impresora de billetes y ni que hablar de Ricardo Jaime, cuyas experiencia al frente de la Secretaria de Transporte casi merecería una exposición propia, una “Jaimópolis” digamos.
Claro que como no todo debe ser conferencias o seminarios habría que matizar la actividad teórica con paseos temáticos, entretenimientos y diversiones varias. Imagino algunos como “Descubra donde estuvieron los locks”, “Mil maneras de camuflar una bóveda” ó “Imprima sus propios billetes”.
Confío en que los oscuros intereses de siempre no impidan concretar esta idea que modestamente considero brillante y que aspira a que el amplio bagaje de conocimientos aquilatado por los funcionarios kirchneristas a lo largo de una década (y ya antes en Santa Cruz) pueda ser aprovechado por la iniciativa privada y la gente común. O traducido en palabras de ese “golpista” de Lanata: “¡Muchachos, dejen algo para los chorros!”
Carlos R. Martinez
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