Fue quien quiso ser, eso fue valiente. Murió Mora

moraSiempre pensé que el llanto o la pena por la muerte de alguien era tan egoísta como el hecho de pensar que su muerte nos está pasando a nosotros y no a quien la enfrenta.
He tratado cada vez que he despedido a alguien, de pensar en él. En principio, crea o no en una vida mejor, lo cierto es que nada de lo material lo puede afectar ya, ni el dolor ni la angustia de no seguir junto a los vivos, sólo me queda entonces por preguntarme por su pasado, por sus días entre nosotros… pensar en definitiva, si ha sido feliz, y si no lo fue, al menos tratar de pensar si valió la pena.
¿En verdad cada vez que los vimos sonriendo eran felices? Esas que veces nos han contagiado su optimismo, era real o era sólo un empujón que nos daban para que a quienes los rodeábamos nos pareciera mejor la vida?
¿Qué había en su pensamiento en una noche de insomnio? En definitiva. Me preocupa saber si fueron felices. Y otra vez el egoísmo, como si se tratara de uno y no de quien muere. Porque me pregunto, que pude haber hecho que no hice para quitarle alguna pena?
Hoy me pasa eso. Murieron tres personas el mismo día. Yo alguna vez los conocí. Llegó a mi programa de televisión esa noche con un largo vestido blanco, las sencillas cámaras del canal local y las luces la invitaban a sentirse una diva. Tacos altos, pintada más de lo que cualquiera imaginaría para una entrevista en aquel pequeño estudio. Tal vez la invitación al programa fue para ella algo importante, sino no se explicaría la producción de vestuario y maquillaje. Su documento decía aún Carlos Daniel Contreras. El nombre que le pusieron sus padres. Llegó a Arrecifes y se convirtió en un pintoresco personaje. Alguien que pasó por distintas etapas, y tal vez todas, o casi todas terminaron mal. Se cambió el nombre por el de Mauro, luego Mora y al fin, murió con un DNI a nombre de Lola Mora Mia Contreras.
Nació en un tiempo en el que pudo amoldar su cuerpo a lo que hubiese querido que la naturaleza le de. En una época donde pudo decir en verdad quien era y construirse a su manera. Sus bromas a viva voz sobre su condición de mujer por propia voluntad tenían frescura y mucho de esa terrible necesidad de reconocerse y que la reconozcan.
Carlos, Mauro, Mora… ¿habrán sido felices? Habrá conseguido romper realmente con las estructuras que nos inculca una vida en una sociedad a la que no nos atrevemos a enfrentar?
Si realmente, dentro suyo, se convirtió en quien quería, habrá vencido. Y tal vez, para ellos, valió la pena.
Adonde vaya, no le van a preguntar su nombre, ni su sexo, Carlos, Mauro o Mora, ha dejado, indudablemente, una huella en nuestra comunidad. En quienes la conocieron y entre quienes la mencionaron alguna vez sin tener idea de quien era. Entre quienes la quisieron y los que no. No pasó desapercibida, claro que no. Por eso esta despedida, porque creo que fue valiente, tuvo los necesario para decir, a pesar de todos, yo soy así.
Descansá en paz, ojalá hayas sido feliz.

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