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Nicolás Maquiavelo: “El fin justifica los medios”

Nicolás Maquiavelo: “El fin justifica los medios”

Sentí mucha tristeza ayer, cuando fui a votar, porque estaba a metros de la urna y aún no había decidido el voto. Sentía que ninguna de las dos opciones me convencía. Ni de cerca. Mi voto fue un triste y forzosamente indigno voto tibio.

Me duelen los errores del kirchnerismo, al que he criticado más que alabado, pero nunca dejé de reconocerle ciertos logros.

El aún actual aunque desaparecido Gobernador de la Provincia de Buenos Aires fue una pésima elección K, sobre todo por su gestión pobre, casi nula. Ni rutas, ni hospitales, ni soluciones en materia de inseguridad, ni previsibilidad en las paritarias, ni guita para los municipios. Ni siquiera promesas, ni demagogia. Nada, un De La Rúa en potencia. Un tipo que perfiló como “la continuidad con cambios” que supo leer Sergio Massa al inicio de su lanzamiento, pero que luego fue pura continuidad y sobre la hora quiso despegarse y ser el cambio.

A Scioli le hicieron bullying durante años. Cualquier persona con sangre hubiera supuesto que algún día el tipo iba a destaparse. Pero no, nada. Dejó mansamente que le pongan a Zanini como ángel de la guarda y siguió siendo el títere de los K, aun cuando ningún kirchnerista de los que se sientan en la mesa chica parecía estar del todo conforme con él.

El error no solamente reside en que se mostró débil sino que, electoralmente hablando, no supo conformar una fórmula que capte el voto ajeno. Representó al kirchnerismo a duras penas, algo así como banquemos el proyecto a pesar de Scioli, y no captó ni un solo voto de los indecisos. Y si captó algo fue más por los que votaron antimacri que por mérito propio.

El debate fue pobre de ambos lados. Pero al menos pude verlo a Macri explicando propuestas, y no digan que no porque Canal 13 le cedió las instalaciones varias veces, y obviamente Mauricio estaba como en su casa. Macri explicó. Daniel se enculó con una cerradísima defensa del modelo y no mencionó proyección alguna del futuro argentino. Cuando empezó a explicar algo, sobre la hora, quiso despegarse de los errores K más recalcitrantes proponiendo por ejemplo la duplicación del piso salarial en el impuesto a las ganancias.  Muy tarde Daniel, demasiado tarde. Tampoco habló de políticas antiinflacionarias, ni de estatización del comercio exterior, ni de los jueces a dedo, ni de la brecha. Sí habló del dólar, pero no se creía ni él mismo.

Podría haber apelado a algún golpe más certero. Decir, qué sé yo, que si gana Macri vamos a acercarnos a Uribe y dejar de lado los logros con el Mercosur y la Unasur. Pero no lo dijo. No dio una sola propuesta concreta y convincente en materia económica, social, cultural e internacional. Mauricio tampoco fue un analista político brillante, pero puso más huevo y pensó mejor en el marketing.

Otro tema fue la derrota en la Provincia en mano de Aníbal Fernández. Gruesísimo error del gobierno en una de las provincias más decisivas e influyentes del padrón electoral. Entre la pobre gestión de Scioli y la irremontable imagen de Aníbal, permitieron que Maru Vidal les pase el trapo. Errores que de tan gruesos y burdos parecen – o son – adredes.

Esos errores K se acumularon con el tiempo. Las AUH se chocaban con la concentración empresarial. La Ley de Medios quedó en la teoría y Cristóbal López la burló hasta cansarse. Pudieron extender el régimen jubilatorio pero con una gran regresividad tributaria. Crearon el Ministerio de Ciencia y Tecnología, con Arsat I y II a la cabeza, pero la sojización del país nos sigue envenenando con paquetes tecnológicos de agrotóxicos. Al mismo tiempo, lucharon contra el campo hasta el último día, sin nunca reconsiderar que no es lo mismo tener 400 hectáreas que 2000 o más.

En fin. Me duele la ceguera política. Me duele pensar en la avaricia de un maquiavélico plan para dejarse ganar por el PRO. Me duele el Pro. Me duele Argentina y la corrupción. Me duele retroceder. No pierdo la esperanza. Pero viví los 90, y no me olvido. No sé si hay mucho para festejar. Aunque admito que con el diario del lunes es fácil, lo admito.

Espero y le deseo, señor nuevo presidente Mauricio Macri, que usted haga una gran gestión. Que no repita errores ni creo errores nuevos. Espero, básicamente, que no nos cague.

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