Minuto Arrecifes – Clasificados

arriba-y-abajo-ricos-y-pobresLa inflación de los últimos años no es la hiperinflación de fines de los ´80 ni produce consecuencias como la gravísima crisis social de los ´90, pero pega en el palo.

Desde hace décadas la economía argentina lucha contra recesiones prolongadas, inflación, caída de remuneraciones reales y el deterioro persistente de las condiciones sociales y materiales de vida.

La inflación, escribí hace unos meses, es un monstruo que se alimenta de presidentes y más allá del eterno debate sobre el o los motivos de su origen, el traspaso de los salarios – insumos – tarifas a precios es automático. Luego surge la amenaza siempre latente – y que ya manifestó señales inequívocas – de la violencia social producto del empeoramiento de la calidad de vida.

La estática y estancada economía argentina da señales de alarma que no deben provocar pero provocan una sensación dramática de proximidad de una catástrofe. No comparto, pero advierto en el entorno que es así. Sí creo que la economía nacional y popular está haciendo equilibrio, y todo equilibrio es naturalmente precario.

A su vez la inflación va de la mano con soluciones cortoplacistas que pretenden reducir los riesgos en lugar de razonar los costos y beneficios. Léase si se quiere fin de cepo al dólar, aumentos de tarifas en peajes y transportes, modificaciones al sistema de medición del IPC del INDEC, etc. Medidas concretas que reflejan la cercanía del Gobierno con decisiones ortodoxas que siempre, pero siempre, recomiendan en estos casos “ajustar”.

Toda esta incertidumbre genera, un poco de verdad y otro poco por maldad empresarial, una reducción a meses, semanas o quizás días en los horizontes que perciben los agentes económicos.

Por último, y haciendo un inmenso esfuerzo por no desglosar los insolentes y burdos actos de corrupción que tiñen nuestra new aristocracia, admito que me desvivo preguntándome por qué continúa la fascinación por la creación y dependencia de más y más clientelismo “asistencial” del Estado (¿Estado?) luego de 10 años de un inmejorable contexto internacional para la cosecha de dólares con olor a soja. No entiendo como sustentar esa fantasía cuando una importante porción del presupuesto se gasta en la administración de la burocracia ejecutiva, legislativa y judicial, con alto impacto en el índice de Fiji y escaso beneficio de los beneficiarios (¿beneficiarios?).

El Estado de Bienestar asistencial debe ser entendido como una solución de las que llamo cortoplacistas, es infinanciable y se agota por inanición. La política social debe reconocer que la pobreza y todos sus derivados y precedentes, como por ejemplo la inflación, son un problema económico, y por lo tanto debe reorientarse la economía dentro de un programa global que nos permita salir de las crisis, no sólo administrarla.

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